martes, 10 de julio de 2012

Memorias de un supporter: el blog

Cuando empecé a escribir este blog no lo hice con la intención de que tuviera continuidad. Al contrario. Pretendía que me sirviera para experimentar una nueva forma de aplicar la más efectiva de las técnicas de venta, esa que se conoce como marketing directo (lo de que es la más efectiva lo digo yo, ojo). Por aquel entonces acababa de leer un libro de un prestigioso directivo de la NBA llamado Jon Spoelstra (padre del que sería más tarde entrenador de los Miami Heat) y pensé que, copiando alguna de las ideas que se explicaban a lo largo de la obra, podría dar a conocer al gran público la música de la banda de power-pop (o lo que fuese que era aquello) en la que tocaba el bajo de forma inconsistente junto a mi amigo Lover y algún que otro indocumentado más. Tras consultar con un experto en la materia (mi hermano), concluí que el mejor método para cumplir con mis objetivos comerciales era poner en marcha una tribuna digital de esas que estaban tan de moda en los inicios de la llamada web 2.0. Era agosto de 2006 y lo primero que se me ocurrió fue escribir sobre las previas de nuestros partidos y las tácticas de Rafa Benítez. Mientras tanto, estudiaba cómo trasladar todo el conocimiento que iba adquiriendo a lo que de verdad me importaba, es decir, la difusión de mi anteriormente mencionada carrera musical.

Fue con la pelota aquella que me regalaron al comprar la camiseta amarilla y, viendo el interés mostrado por algún lector al hacerse públicas tales intimidades, cuando decidí seguir una línea editorial a medio camino entre la absurdez y la autobiografía. Seguramente, me hubiese ido mucho mejor si me hubiese dedicado a informar del Liverpool desde un punto de vista meramente futbolístico. Sin embargo, tenía claro que, además de demasiado fácil, habría sido una traición a mí mismo. Como ya había entendido que ocuparme de un blog de fútbol que no habla de fútbol podía tener más recorrido que la industria discográfica, tomé la determinación de contar el otro Liverpool, ese que podía resultarle atractivo a cualquier persona ajena al club y, en especial, a María. Esto último resultó esencial para emprender el camino que había por delante.

Entre capítulo y capítulo, nos fuimos encontrando con tipos tan sospechosos como nosotros o más. Primero, Luis JFT96, solitario aficionado en una capital de provincia que me facilitó una colección de fondos de pantalla como prueba de que efectivamente, se podía perder más tiempo con esto del que perdía yo. Más tarde, Stubbins, compañero de aventuras de un sujeto llamado Jordito con el que viajó a Atenas en 2007 para confraternizar con Lover y Nick y demostrar, de paso, que no tenía ninguna criterio a la hora de valorar amistades ya que a su entender, el simple hecho de interesarse por el devenir de los rojos ya era motivo más que suficiente para ser su amigo. Finalmente, cómo no, el enigmático Falín, comentarista que parecía estar al tanto de las interioridades del vestuario. Fueron ellos principalmente los que conformaron una comunidad que canalizó la conversación en torno a lo que pasaba en Anfield y sentó las bases para lo que en un futuro serían los sucedáneos de la misma.

Llegados a este punto hay que decir que, la relación (circunstancial, claro) con individuos extraños y la contribución decisiva a los nuevos grupos sociales que estaban por formarse, no fueron los únicos logros. Reunirse con Benítez en un restaurante del centro del Liverpool (algo impensable en el momento en el que se produjo dicha cita), constituir una peña de seguidores del Liverpool en Madrid gracias a las aportaciones generosas de algunos lectores que pagaron religiosamente la cuota de simpatizante de un equipo que en realidad no les importaba sólo para ayudar a cumplir los requisitos de constitución de lo que se llamó "Madrid Reds" (aunque a mí me hubiese gustado llamarlo "Vecinos de Benítez") o recibir una sesión de acupuntura en Melwood, están en el haber de estos textos. Lamentablemente, también hay un debe. La perdida de privacidad me supuso más de un disgusto y cambió para siempre mi forma de entender lo que siempre habíamos definido como supporter. Desconfío y mucho de aquellos que me dicen que les gusta el Liverpool y sólo reconozco como míos a los que lo empezaron todo: Lover, Noel, Guy, S(a)imon, Liam y Nick (las concesiones las hago con Pablo Gutiérrez y Jose Antonio Pastor). No hay más.

Supongo que por este último detalle de no mostrar entusiasmo si, pongamos por caso, en la tele veo al Chus Vega de turno exhibiendo su colección de camisetas, el desgaste fue mayúsculo. Visto con perspectiva, no cabe duda de que el trabajo realizado es espléndido pero también, resulta obvio el error de no haber sabido reinventar el formato cuando todavía era posible. La decisión de terminar con esto debí tomarla mucho antes. Sin embargo, para alguien al que le gusta escribir y, pese a todo, sigue siendo un convencido del nunca caminarás solo, echar el cierre a seis años y algo más de mil entradas no es tarea fácil. Aún así, no había por qué demorarlo. Sin ni siquiera pretenderlo, mi vida como aficionado es infinitamente mejor simplemente por haber redactado con cierta perseverancia mis vivencias siguiendo a un equipo que, si pudiera, lo abandonaría sin dudarlo por el que juega del otro lado de Stanley Park. Por eso, lo único que puedo hacer es dar las gracias a todos los que leyeron tales redacciones e hicieron de las mismas algo único e irrepetible. No hubiese sido igual sin esas lecturas.

Me dejo muchas historias que contar y pienso que lo hago con la intención de empezar de nuevo, en otro momento, cuando ya nadie se acuerde de mí. Lo que no me dejo es el haber compartido la experiencia con María. Es lo único que quiero desde aquella final de Copa de 2001 que le ganamos al Arsenal. Vivir junto a ella victorias como la de la final de la Copa de la Liga de 2012 (único título del que han sido testigo mis escritos) o derrotas como la eliminación ante el Atlético de Madrid en 2010 (la famosa noche en la que me fui a la cama sin cenar). Si no, no tendría sentido nada de esto. Espero que lo haya disfrutado tanto como yo. Porque se trataba de eso.

jueves, 5 de julio de 2012

El libro mejor que la película

Resulta que el inimitable Pablo Gutiérrez, en un alarde de iniciativa y valentía, decidió a finales de la temporada 2011/2012 publicar un libro que recogiera todos los escritos que, de manera discreta pero con una constancia admirable, había ido escribiendo en uno de los diversos soportes de interacción que tiene la página oficial de propaganda del club con sus aficionados (lo contamos en su día aquí). Yo, interesado por el proyecto y a la vez sabedor de que eso era precisamente lo que tenía que haber estado haciendo (en lugar de grabar vídeos estúpidos en los que se me ve celebrando algún gol, lo que supone que alguno que otro piense que está todo preparado), decidí reunirme con él en la sede oficial de los seguidores del Liverpool en Madrid para conocer de primera mano cómo fue su aventura editorial. Al final y después de un par de horas de pintas y conversación distendida sobre absolutamente nada con el otro gran personaje de este invento, Lover, llegamos a la conclusión de que, esta vez sí, el libro es mejor que la película. No hay que dejar de comprarlo. Está a la venta aquí.

martes, 19 de junio de 2012

Memorias de un supporter: Fransuá

De todos los seguidores del Liverpool que he conocido a lo largo de mi vida, sólo reconozco como tales a unos pocos. En concreto, a aquellos con los que coincidía en un local del centro de Madrid antes de que ser del Liverpool fuese una mera cuestión de exhibicionismo. Ellos fueron los únicos que vivieron la derrota en la ida de las semifinales de la copa de la liga del 2001, la famosa noche del Crystal Palace, y, en consecuencia, son los únicos que a mi modo de ver están autorizados para identificarse como parte activa del club. Estoy hablando de Lover, Noel, Nick, Guy, S(a)imon, Liam y Fransuá. A algunos les perdí la pista hace tiempo, justo cuando decidieron estar al tanto de nuestra suerte deportiva en ámbitos más confortables que el sótano de un bar. Otros, sin embargo, siguen ahí, incombustibles pese a que el equipo nunca parece ser capaz de ganar la liga. Fransuá, por su parte, se desinteresó definitivamente por todo esto viendo que Houllier (del que sospecho era fan) fue despedido en la primavera de 2004.

No recuerdo cuándo fue la primera vez que nos vimos. Me imagino que sería en uno de esos partidos insulsos en los que Heskey formaba delantera con Michael Owen. De lo que sí estoy seguro es de que estaría analizando lo que veía en la tele con ese pesimismo que tanto le caracterizaba. Jamás confiaba en nuestra victoria pero, a pesar de ello, afirmaba ser del Liverpool como el que más. También afirmaba haber estado en la boda de Jean Pierre Papin (o algún familiar suyo), por cierto. Hicimos una buena amistad. Tanto es así que, en compañía de otro colega de la época, acudimos una mañana de domingo a ver un Real Madrid-Valencia de baloncesto (momento que recoge la imagen que ilustra este texto). Su tarde de gloria vino con una visita a Stamford Bridge. Le dimos un baile al Chelsea con Biscan en plan estelar pero él, en su línea de contemplar el vaso medio vacío, insistió durante los noventa minutos en su desasosiego y no abandonó el discurso del derrotismo. No le faltó razón. Perdimos. Tampoco estuvo mal su viaje a Argelia aunque no tenga nada que ver con lo futbolístico. Iba por negocios pero le mandaron de vuelta nada más llegar al aeropuerto por no tener el visado.

La última vez que coincidimos, un encuentro casual en medio de la calle, me dijo que se había casado pero no habló nada del Liverpool. La verdad es que yo no le dí mucha opción. Primero porque entendí que lo de Anfield le importaba poco y segundo porque, en una de esas rarezas mías, me había comprometido a presentarme en la oficina de representación de Luis García y llevaba tarde a la cita. Así acabó todo. Supongo que le irá bien y tampoco es que le extrañe demasiado aunque también es cierto que, de vez en cuando, me acuerdo de aquello que me preguntaba (con acento francés) cada vez que nos juntábamos sin pretenderlo a ver una jornada de Premier en que los rojos no participaban: ¿qué haces aquí si no juega Liverpool? La respuesta era obvia. Ver buen fútbol. Pero no era cuestión de hacerse sangre. Claro. 

miércoles, 13 de junio de 2012

¿Y si fuéramos del Huddersfield?

Lo dice Denis Law (el de la santísima trinidad del United junto a Charlton y Best) en el documental que cuenta la vida de Bill Shankly en apenas veintiséis minutos. Si el Liverpool no hubiese aparecido, el técnico habría hecho exactamente lo mismo que hizo en Anfield pero con el Huddersfield Town. La proyección es inevitable. Es decir, en el 84, cuando la Copa de Europa de Roma, de acuerdo con el supuesto del mencionado Law, en lugar de a los nuestros habríamos tenido a ese equipo conocido como los terriers. En consecuencia, yo sería seguidor suyo.

Me cuesta imaginar mi vida siendo uno de ellos, entre otras cosas porque apenas conozco un par de detalles de su trayectoria. Se ubican también por el norte lo cual nos asegura frío en el estadio y la equipación es a franjas azules y blancas, tipo pijama. Mal asunto. Pese a todo, supongo que les querría igual que quiero al Liverpool. A fin de cuentas, el nombre de la ciudad tiene cierta sonoridad y Newcastle, lugar donde están los mejores locales de las islas, no queda lejos. Motivos más que suficientes para acostumbrarse.

sábado, 9 de junio de 2012

La idea

Aunque no lo tengo del todo claro, pienso que la continuidad de este diario digital pasaba por hacer algo más parecido a las charlas que mantuvimos con S(a)imon durante la temporada 2010 / 2011, que a los repetitivos textos buscando un enfoque diferente (y en ocasiones insostenible) a lo que acontece en el club. En su momento, me llegué a plantear un proyecto basado en dos contenidos, uno más cercano a lo que era en esencia todo esto y otro, más centrado en el análisis que, al parecer, es lo que la gente quiere. Las ejecuciones eran sencillas pero requerían tiempo. Se trataba de contar cada partido en formato vídeo mediante una intervención mía dirigiéndome a cámara durante un tiempo aproximado de cuarenta y cinco segundos y, al mismo tiempo, desarrollar el eje de la tertulia del mencionado S(a)imon dando entrada a nuevos invitados como Lover o mi admirado Pablo Gutiérrez. Evidentemente, mi discurso mantendría el tono informal de siempre mientras que, los expertos, se ocuparían de dar esa visión que tanto gusta al público (no sé si porque no ven los partidos o porque realmente necesitan alguien que les ilustre). El caso es que, como digo, la empresa me venía un poco grande. Mi equipo técnico no permitía muchas alegrías y sólo de pensar en las labores de edición, me resultaba obvio que no podía dedicar casi mi vida entera a un producto que, aparte de la satisfacción personal, no me reportaba nada. Lógicamente, abandoné. Seguí con lo mío y me fui volviendo más marginal de lo que ya era. Tampoco me importó mucho. Creo que la idea podía haber funcionado y, en cualquier caso, existen trabajos parecidos que pueden servir para aquellos que, una vez leídas estas líneas, quisieran saber con más precisión cómo sería en realidad lo comentado. Es la televisión de un tipo llamado Paul Machin y se puede ver (aparte de en el vídeo de muestra que adjuntamos a continuación) aquí.