Cuando empecé a escribir este blog no lo hice con la intención de que tuviera continuidad. Al contrario. Pretendía que me sirviera para experimentar una nueva forma de aplicar la más efectiva de las técnicas de venta, esa que se conoce como marketing directo (lo de que es la más efectiva lo digo yo, ojo). Por aquel entonces acababa de leer un libro de un prestigioso directivo de la NBA llamado Jon Spoelstra (padre del que sería más tarde entrenador de los Miami Heat) y pensé que, copiando alguna de las ideas que se explicaban a lo largo de la obra, podría dar a conocer al gran público la música de la banda de power-pop (o lo que fuese que era aquello) en la que tocaba el bajo de forma inconsistente junto a mi amigo Lover y algún que otro indocumentado más. Tras consultar con un experto en la materia (mi hermano), concluí que el mejor método para cumplir con mis objetivos comerciales era poner en marcha una tribuna digital de esas que estaban tan de moda en los inicios de la llamada web 2.0. Era agosto de 2006 y lo primero que se me ocurrió fue escribir sobre las previas de nuestros partidos y las tácticas de Rafa Benítez. Mientras tanto, estudiaba cómo trasladar todo el conocimiento que iba adquiriendo a lo que de verdad me importaba, es decir, la difusión de mi anteriormente mencionada carrera musical.
Fue con la pelota aquella que me regalaron al comprar la camiseta amarilla y, viendo el interés mostrado por algún lector al hacerse públicas tales intimidades, cuando decidí seguir una línea editorial a medio camino entre la absurdez y la autobiografía. Seguramente, me hubiese ido mucho mejor si me hubiese dedicado a informar del Liverpool desde un punto de vista meramente futbolístico. Sin embargo, tenía claro que, además de demasiado fácil, habría sido una traición a mí mismo. Como ya había entendido que ocuparme de un blog de fútbol que no habla de fútbol podía tener más recorrido que la industria discográfica, tomé la determinación de contar el otro Liverpool, ese que podía resultarle atractivo a cualquier persona ajena al club y, en especial, a María. Esto último resultó esencial para emprender el camino que había por delante.
Entre capítulo y capítulo, nos fuimos encontrando con tipos tan sospechosos como nosotros o más. Primero, Luis JFT96, solitario aficionado en una capital de provincia que me facilitó una colección de fondos de pantalla como prueba de que efectivamente, se podía perder más tiempo con esto del que perdía yo. Más tarde, Stubbins, compañero de aventuras de un sujeto llamado Jordito con el que viajó a Atenas en 2007 para confraternizar con Lover y Nick y demostrar, de paso, que no tenía ninguna criterio a la hora de valorar amistades ya que a su entender, el simple hecho de interesarse por el devenir de los rojos ya era motivo más que suficiente para ser su amigo. Finalmente, cómo no, el enigmático Falín, comentarista que parecía estar al tanto de las interioridades del vestuario. Fueron ellos principalmente los que conformaron una comunidad que canalizó la conversación en torno a lo que pasaba en Anfield y sentó las bases para lo que en un futuro serían los sucedáneos de la misma.
Llegados a este punto hay que decir que, la relación (circunstancial, claro) con individuos extraños y la contribución decisiva a los nuevos grupos sociales que estaban por formarse, no fueron los únicos logros. Reunirse con Benítez en un restaurante del centro del Liverpool (algo impensable en el momento en el que se produjo dicha cita), constituir una peña de seguidores del Liverpool en Madrid gracias a las aportaciones generosas de algunos lectores que pagaron religiosamente la cuota de simpatizante de un equipo que en realidad no les importaba sólo para ayudar a cumplir los requisitos de constitución de lo que se llamó "Madrid Reds" (aunque a mí me hubiese gustado llamarlo "Vecinos de Benítez") o recibir una sesión de acupuntura en Melwood, están en el haber de estos textos. Lamentablemente, también hay un debe. La perdida de privacidad me supuso más de un disgusto y cambió para siempre mi forma de entender lo que siempre habíamos definido como supporter. Desconfío y mucho de aquellos que me dicen que les gusta el Liverpool y sólo reconozco como míos a los que lo empezaron todo: Lover, Noel, Guy, S(a)imon, Liam y Nick (las concesiones las hago con Pablo Gutiérrez y Jose Antonio Pastor). No hay más.
Supongo que por este último detalle de no mostrar entusiasmo si, pongamos por caso, en la tele veo al Chus Vega de turno exhibiendo su colección de camisetas, el desgaste fue mayúsculo. Visto con perspectiva, no cabe duda de que el trabajo realizado es espléndido pero también, resulta obvio el error de no haber sabido reinventar el formato cuando todavía era posible. La decisión de terminar con esto debí tomarla mucho antes. Sin embargo, para alguien al que le gusta escribir y, pese a todo, sigue siendo un convencido del nunca caminarás solo, echar el cierre a seis años y algo más de mil entradas no es tarea fácil. Aún así, no había por qué demorarlo. Sin ni siquiera pretenderlo, mi vida como aficionado es infinitamente mejor simplemente por haber redactado con cierta perseverancia mis vivencias siguiendo a un equipo que, si pudiera, lo abandonaría sin dudarlo por el que juega del otro lado de Stanley Park. Por eso, lo único que puedo hacer es dar las gracias a todos los que leyeron tales redacciones e hicieron de las mismas algo único e irrepetible. No hubiese sido igual sin esas lecturas.
Me dejo muchas historias que contar y pienso que lo hago con la intención de empezar de nuevo, en otro momento, cuando ya nadie se acuerde de mí. Lo que no me dejo es el haber compartido la experiencia con María. Es lo único que quiero desde aquella final de Copa de 2001 que le ganamos al Arsenal. Vivir junto a ella victorias como la de la final de la Copa de la Liga de 2012 (único título del que han sido testigo mis escritos) o derrotas como la eliminación ante el Atlético de Madrid en 2010 (la famosa noche en la que me fui a la cama sin cenar). Si no, no tendría sentido nada de esto. Espero que lo haya disfrutado tanto como yo. Porque se trataba de eso.

